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Alvar Nuñez Cabeza de Vaca. Primer etnógrafo de Norteamérica

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Cabeza de Vaca participó en la primera expedición europea de Norteamérica. En 1528 desembarcó en Jungle Prada Site (Saint Petersburg, Florida). Allí comenzó una aventura que duró nueve años y que terminó después de recorrer más de 2.000 Kms en
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  E  l  R  incón de la H   istoria   Javier de Carlos Izquierdo. Doctor en Geografía e Historia NOTA DE LA REDACCIÓN La serie de artículos del Rincón de la Historia dedicados a «El XVI  , el siglo olvidado de la  presencia española en Norteamérica», que se inició en septiembre pasado, con un artículo sobre Menéndez de Avilés y la fundación de Santa Elena, primer asentamiento español en la Florida, se continúa en este número con un texto dedicado a Alvar Núñez Cabeza de Vaca.Los españoles colonizaron más de veinte de los actuales Estados Unidos desde La Florida has-ta Alaska, incluyendo toda la costa del Pacífico y California con límite con las colonias inglesas en el Rio Missouri, y dejaron una huella imborrable que la Revista quiere recuperar del olvido. El artí-culo que se inserta a continuación se combina en la Sección Información Bibliográfica con el libro «Españoles olvidados de Norteamérica». ALVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA Alvar Núñez Cabeza de Vaca reúne buena parte de las características del hombre humanista propio del Renacimiento español: aventurero, emprende- dor, pero a la vez con gusto por las artes y las letras. En su vida se encuentran los éxitos y desdichas propios de un héroe, incluso algunos autores han comparado sus viajes con el de Ulises en la Odisea . La interpretación de sus narraciones, en las que relata sus aventuras, también es controvertida; algu- nos lo consideran un héroe y otros casi un villano. Las críticas más encendidas de hoy en día vienen del mundo hispanoamericano, realizadas en oca- siones por españoles allí afincados. Por otro lado, el mayor reconocimiento frecuentemente se encuen- tra en el mundo anglosajón, sobre todo en Estados Unidos, donde es considerado entre otras cosas como «fundador de la cardiología» americana. ALVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA  REVISTA EJÉRCITO • N. 910 ENERO/FEBRERO • 2017  123    S   E   C   C   I   O   N   E   S   F   I   J   A   S Sus andanzas incluyen América del Norte y del Sur, primero como miembro de una expedición en Florida, que acabó ocho años más tarde, y después en América del Sur como adelantado del Río de la Plata. De lo que no cabe duda es de que sus rela-tos son la primera fuente histórica de un europeo sobre América del Norte. Alvar Núñez, al igual que cuando Estrabón escribía sobre el extremo más occidental del Mediterráneo (España), se movió al borde de la mitología, con una pequeña diferencia: documentó en su trabajo todo lo acaecido en su propia expedición, mientras que la información que manejó Estrabón no siempre fue a través de fuentes primarias. EL CONTEXTO HISTÓRICO Alvar Núñez Cabeza de Vaca fue uno de los hombres del Renacimiento español que posibilita- ron que el saber del reino nazarí de Granada, de la comunidad judía recién expulsada y de la cultura grecolatina clásica se transmitieran a América. Con su contribución coadyuvó a que la construcción del Estado Moderno iniciado con los Reyes Católicos se consolidara con el emperador Carlos, pues integró las tierras americanas en la Corona castellana y, a la vez, permitió la expansión del modelo social, po- lítico y económico castellano. Gracias al esfuerzo de Cabeza de Vaca y otros hombres fue posible la creación de una comunidad económica y jurídica, pero también científico-técnica que nunca antes había existido. El fin de la Edad Media y la crea- ción del Estado Moderno fueron posibles gracias al tesón de estos primeros aventureros, que crearon las bases necesarias para después poder establecer unas normas e instituciones comunes. Con ellos se inauguró un primer proceso de globalización que ha permitido alcanzar nuestra sociedad interna- cional actual. SU VIDA Alvar Núñez Cabeza de Vaca nació en Jerez de la Frontera hacia 1490, aunque no hay acuerdo sobre este dato. Cabeza de Vaca es su apellido materno y sabemos que tiene su srcen en la ba-talla de las Navas de Tolosa (1212). Al parecer, en esta batalla un antepasado de su madre, el pastor Martín Alhaja, ayudó al ejército cristiano. Martín, que conocía bien el terreno, señaló a Alfonso VIII un paso en Sierra Morena con una cabeza de vaca, lo que le permitió al rey castellano sorprender al enemigo por la retaguardia. Alfonso VIII, en reco-nocimiento de su ayuda, le concedió a Martín el título de «cabeza de vaca». Desde entonces el linaje mereció este apela- tivo e incluyó las cabezas de vaca en su escudo de armas. Casi 300 años después nacía Alvar en  Jerez de la Frontera. Sus padres fueron Francisco Núñez de Vera y Teresa Cabeza de Vaca y de Zurita. Parece que sus padres murieron siendo él joven y que el chico quedó al cuidado de sus familiares. Su infancia transcurrió sin mayores problemas y recibió la educación propia de una familia hidalga. Participó en la conquista de las islas Canarias y después, en 1511, se alistó al servicio de la Armada de Fernando el Católico para luchar en la guerra de Italia. Más tarde también adquirió experiencia en armas al luchar contra las revueltas de los comu-neros de Castilla. Finalmente entró al servicio del Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Colección Forjadores de América (1960), Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de España  124 REVISTA EJÉRCITO • N. 910 ENERO/FEBRERO • 2017 hombres y tres barcos. Narváez tomó la decisión de desembarcar y lo hizo en una zona pantanosa de ciénagas, plagada de cocodrilos 2  (el manglar o los Everglades), donde infantería y caballe-ría se movían con dificultad. En este lugar, lla-mado hoy el «Jungle Prada Site» 3 , es donde el 16 de abril de 1528 Narváez tomó posesión de la tierra en nombre del rey de España. Esta zona se conmemora como el sitio en el que por prime-ra vez los europeos iniciaron una exploración en Norteamérica. Narváez fue prudente; inicialmente solo des- embarcó un grupo de 40 hombres para reconocer el terreno y solo después decidió que hombres y caballos, con él al frente, avanzaran por tierra firme. Mientras tanto, los barcos navegarían hacia el norte en busca de un puerto seguro. Desgraciadamente esto nunca ocurrió; los navíos y los soldados des- embarcados nunca volvieron a encontrarse. La relación con los indígenas fue variada y solo en ocasiones hubo enfrentamientos. Las informaciones que les proporcionaron los indígenas sobre dón-de encontrar alimentos y oro llevaron a Narváez hacia el interior, y recorrieron más de 400 kilóme- tros hasta llegar a Apalache, en Tallahassee. Allí se enfrentaron con sus habitantes y, viendo las dificultades y la merma de efectivos y fuerzas, de-cidieron alcanzar el mar para abortar su empresa. Tras diez días de marcha alcanzaron la orilla y, con los objetos metálicos que les quedaban, una vez fundidos, elaboraron las herramientas necesarias para construir cuatro balsas. Emprendieron una navegación de cabotaje y sufrieron las corrientes del Misisipi. Finalmente, en noviembre de 1528, solo 80 miembros de la expedición sobrevivieron al naufragio y alcanzaron la isla que Cabeza de Vaca llamó «del Malhado» (probablemente la isla de Galveston, en Texas). Las vicisitudes de la expe- dición terminaron en 1536 (nueve años después), cuando unos soldados españoles que patrullaban en Sinaloa (México, a 2000 kilómetros del punto de partida) encontraron a Alvar Núñez y otros tres hombres: Alonso del Castillo Maldonado, Andrés Dorante y Estebanico 4 . Todo lo ocurrido en la ex-pedición en la que participó nuestro protagonista lo narró él mismo en la obra Naufragios 5 . LOS NAUFRAGIOS Cabeza de Vaca publicó la primera edición de Naufragios  en 1542 y una segunda en 1555. Se duque de Medina Sidonia, donde permaneció hasta que en 1527 embarcó como tesorero en la primera expedición a la Florida, expedición que duró diez años. Tan solo tres años después, en 1540, zarpa desde Cádiz con destino al Río de la Plata, donde ejerció como máximo responsable de la Corona (adelantado). Allí permaneció hasta que en 1543, como resultado de una sublevación, fue hecho prisionero y enviado a Europa acusado por sus enemigos de abuso de poder. Tras estar desterrado en Orán, en 1553 fue indultado. Terminó sus días en 1559. LA EXPEDICIÓN A LA FLORIDA En junio de 1527 Alvar embarcó como tesorero y segundo mando de la expedición a la Florida, comandada por Pánfilo Narváez y formada por cinco barcos y 600 hombres. Narváez, designado adelantado por Carlos I, tenía el propósito de crear al menos dos ciudades bien guarnecidas en la costa del golfo de México. El objetivo de la misión no pudo ser realizado, ya que un cúmulo de catástro- fes lo hicieron imposible. El fracaso de la misión no impidió que se escribiera una gesta heroica de la historia de España, de la que Alvar fue su principal protagonista 1 .Primero desembarcaron en La Española y más tarde en Cuba, donde al parecer desertaron más de 150 hombres cautivados por los encantos de las indígenas. Poco después un huracán arreba-tó la vida de otros 60 hombres. Cuando consi- guieron alcanzar por fin el continente, lo hicieron ya en Port Charlotte (Florida, al sur de la actual Tampa), y para entonces ya solo quedaban 300 Lugar en el que desembarcó la expedición a la Florida de Pánflo Narváez     S   E   C   C   I   O   N   E   S   F   I   J   A   S REVISTA EJÉRCITO • N. 910 ENERO/FEBRERO • 2017  125 trata de una obra de gran éxito en su época, que incluso hoy en día es estudiada y reinterpretada por historiadores y críticos literarios. El texto de Cabeza de Vaca cumple diversas funciones: en primer lu-gar, es un relato de lo acaecido en la expedición y, por tanto, tiene el perfil de una crónica que do-cumenta los hechos. Algunos críticos consideran que también es un elogio de sí mismo, para poner de manifiesto su servicio a la Corona. Más allá de estas consideraciones, no cabe duda del enorme valor de la obra de Cabeza de Vaca. Se trata de la primera descripción que hace un europeo de estas tierras y de sus gentes, y además están hechas por él mismo, que estuvo casi siete años prisionero de varias etnias de Texas. LAS CRÓNICAS Por fin, en agosto de 1537, tras su cautiverio, Cabeza de Vaca regresa a España. Al poco tiempo visita al emperador Carlos V, al que entrega un informe secreto en el que figuran datos sobre las riquezas metalíferas y la productividad de la tierra. En 1540 el rey le propone a Alvar comandar una expedición al Río de la Plata para llevar sumi-nistros, dadas las dificultades de la colonia. La expedición, comandada y costeada por el propio Alvar (este fue el sistema español de expansión en América), estaba compuesta por tres barcos y 400 hombres y partió en diciembre de 1540. Tres meses después desembarcan los suministros y el ganado en la isla de Santa Catalina (hoy Brasil). Hasta noviembre de 1541 no puede comenzar a avanzar hacia Asunción, y lo hace con 250 sol- dados, 25 caballos, nativos y dos frailes francis- canos: Bernardo de Armenta y Alonso Lebrón. Recorrieron más de 250 kilómetros y llegaron a Asunción en marzo de 1542, tras alcanzar las ca-taratas de Iguazú en el río Paraná. Para entonces ya había muerto el gobernador a manos de los nativos, por lo que Cabeza de Vaca era el nuevo gobernador y, a partir de abril, comenzó a emitir los primeros edictos para el gobierno. A pesar de que Recorrido de Alvar Núñez Cabeza de Vaca desde La Florida hasta Veracruz  126 REVISTA EJÉRCITO • N. 910 ENERO/FEBRERO • 2017 estas nuevas leyes correspondían con lo legislado desde España (en particular en cuanto al trata- miento de los indígenas), motivaron inquietud y malestar, hasta que finalmente terminaron con una sublevación y Cabeza de Vaca, acusado de traidor, fue deportado y juzgado en España. Tardaría ocho años en recuperar su honor, pero nunca más se recuperó su hacienda y jamás obtuvo recompensa alguna por su servicio a la Corona. Parece que, en realidad, Alvar solo dictó una serie de ordenanzas en consonancia con la Escuela de Salamanca y el reconocimiento del derecho de los indios, pero lo que en realidad se disputaba era la libertad por parte de los primeros hacendados españoles de establecer sus propias normas sin el respeto a las de la Corona. Alvar Núñez Cabeza de Vaca no tuvo dudas: él estaba al servicio de los interés más altos: Dios y el Rey.Su experiencia como adelantado del Río de la Plata, en lo que hoy es Brasil, Paraguay y Argentina, la recogió su escribano Pedro Hernández, en los Comentarios 6 . A juicio de muchos esta obra es «una historia ejemplar con lecciones morales y políticas» 7 , pero sin duda contiene la defensa de las acusaciones versadas contra él. ANTROPOLOGÍA OPERATIVA Después de varios años sometidos por las tri-bus indígenas, los cuatro españoles consiguieron escapar en dirección a territorio controlado por la Corona. Ello les convierte en los primeros etnógra- fos de una tierra que era completamente descono-cida. Ese es uno de los éxitos de su obra literaria: el interés que suscitaban estas tierras desconocidas. Pero sin duda también había un factor estratégi-co clave: se trataba de algo parecido a lo que en aquella época podía considerarse un manual de área. Así, también describe las armas a las que se enfrentan: «Los arcos que usan son gruesos como el brazo, de 11 o 12 palmos de largo, que flechan a 200 pasos con tan gran tiento, que ninguna cosa yerran».Cabeza de Vaca tuvo interés en describir con detalle a las gentes que encontró a su paso y sus costumbres 8 . Hay quien ha considerado que la inclinación a la antropología de Cabeza de Vaca fue obligada, por hallarse perdido e inmerso en aquel lugar. Habría que recordar que algo pare-cido le ocurrió a Franz Boas (1858-1942), con-siderado fundador de la moderna antropología americana, cuando siendo estudiante de física en Alemania se desplazó a Canadá para estudiar manantiales. Una vez perdido fue rescatado por los inuit y, a partir de entonces, se orientó hacia la antropología.Cabeza de Vaca y sus tres compañeros atrave-saron el Río Grande y se introdujeron en la región de los indios pueblo hasta llegar a Culiacán, en Medio dólar conmemorativo del 400 aniversario del itinerario seguido por Cabeza de Vaca, acuñado en EEUU en 1935
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