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Graciela Silvestri, Fernando Williams, “Sudamérica Fluvial: primeros resultados de un programa de investigación sobre la relación entre infraestructura, ciudades y paisaje”, Estudios del Hábitat, Vol. 14 (2) Diciembre 2016, pp.1-22

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The aim of the present paper is to draw a series of preliminary conclusions of “Fluvial South America”, a research project based on Universidad Nacional de La Plata’s School of Architecture and Urbanism. As part of this project, ties with researchers
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  1 * Graciela Silvestri es arquitecta (UBA) y doctora en historia (UBA), especialista reconocida internacionalmente en temas vinculados con la arquitectura, el territorio y el paisaje, temas sobre los cuales ha dirigido varios proyectos de investigación y dictado seminarios en Argentina y en el exterior. Ha publicado numerosos libros, entre ellos  El color del río. Historia cultural del paisaje del Riachuelo (Prometeo, UNQ 2004) y  El lugar común. Una historia de la las  fi   guras del paisaje en el Río de la Plata (Edhasa, 2011). Es docente de la Universidad Nacional de La Plata.** Fernando Williams es arquitecto (UBA) y doctor en historia (UBA), se ha especializado en temas vinculados con la historia del territorio y el paisaje en la Argentina. Ha publicado  Entre el desierto y el jardín. Viaje, literatura y paisaje en la colonia galesa de la Patagonia (Prometeo, 2011). Es docente de la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad Nacional de San Martín. S UDAMÉRICA  F LUVIAL : PRIMEROS   RESULTADOS   DE   UN   PROGRAMA   DE   INVESTIGACIÓN   SOBRE   LA   RELACIÓN   ENTRE   INFRAESTRUCTURA , CIUDADES    Y    PAISAJE   G  RACIELA  S  ILVESTRI   , F   ERNANDO  W   ILLIAMS estudios del hábitat | Vol. 14 (2) e007 | diciembre 2016 | ISSN 2422-6483 | url: revistas.unlp.edu.ar/habitat F ACULTAD   DE  A RQUITECTURA    Y   U RBANISMO  | U NIVERSIDAD  N ACIONAL   DE  L A  P LATA F ECHA   DE   RECEPCIÓN : 28-08-2016  | F ECHA   DE   APROBACIÓN : 20-09-2016  | F ECHA   DE   PUBLICACIÓN : DICIEMBRE   2016  E STA   OBRA   ESTÁ   BAJO   LICENCIA : L ICENCIA  C REATIVE  C OMMONS  A TRIBUCIÓN -N O C OMERCIAL -C OMPARTIR I GUAL  4.0 I NTERNACIONAL Sudamérica Fluvial: primeros resultados de un programa de investigación sobre la relación entre infraestructura, ciudades y paisajeFluvial South America: preliminary results of a research project on the relationship between infrastructure, urbanization and landscape  Dossier: Ciudades, Territorios, Dibujos G RACIELA  S ILVESTRI * Instituto de Historia, Teoría y Praxis de la Arquitectura y la Ciudad (HiTePAC)Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Universidad Nacional de La Plata / CONICETgracisilvestri@gmail.com F ERNANDO  W ILLIAMS ** Instituto de Historia, Teoría y Praxis de la Arquitectura y la Ciudad (HiTePAC)Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Universidad Nacional de La Plata /Universidad Nacional de San Martín ferwil3@yahoo.com.ar  estudios del hábitat | Vol. 14 (2) e007| diciembre 2016 | ISSN 2422-6483 Á REA  E DITORIAL  FAU | E DITORIAL   DE   LA  U NIVERSIDAD   DE  L A  P LATA 2 Resumen El objeto del presente artículo es presentar una serie de conclusiones preliminares del proyecto de investigación “Sudamérica Fluvial” que a partir de su acreditación en la FAU UNLP ha establecido vínculos por fuera de esa sede con el objeto de conformar una red interdisciplinaria para el estudio de la relación entre infraestructura, urbanización y paisaje en territorio sudamericanos dominados por la presencia de lo fl uvial. Luego de una introducción en la que se explicitan las nuevas articulaciones entre las esferas de conocimiento cientí  fi co-técnico, la representación simbólica y la acción política que se desprenden del tipo de abordaje de lo fl uvial que aquí se propone, el artículo da cuenta de los avances realizados en tres diferentes escalas en la que dicho abordaje viene siendo practicado desde el inicio del proyecto en 2015. Palabras clave Infraestructura, paisaje, medioambiente, cuencas fl uviales Abstract The aim of the present paper is to draw a series of preliminary conclusions of “Fluvial South America”, a research project based on Universidad Nacional de La Plata’s School of Architecture and Urbanism. As part of this project, ties with researchers from other Argentine universities were established with the pur-pose of creating an interdisciplinary network for the study of the relationship between infrastructure, ur-banization and landscape in those South American territories characterized by the constant presence of large rivers and other waterbodies. In its introduction, the article discusses the necessary connections between the spheres of scienti fi c and technical knowledge and those of symbolical representation and political action, which derive from the kind of approach proposed here for the study of these fl uvial terri-tories. The rest of the article differentiates three different scales in which those territories are studied and examines the progress made in each of those scales since the commencement of the project in 2015. Key words Infrastructure, landscape, environment, river basins  estudios del hábitat | Vol. 14 (2) e007| diciembre 2016 | ISSN 2422-6483 Á REA  E DITORIAL  FAU | E DITORIAL   DE   LA  U NIVERSIDAD   DE  L A  P LATA 3 1. Introducción En abril de 2013, se produjo una histórica inundación que asoló la ciudad de La Plata y sus alrededores, después de inusuales precipitacio-nes en brevísimo lapso (400 mm en 4 horas). Como resultado del desastre, más de 70 000 viviendas fueron inundadas; las pérdidas econó-micas se estimaron en 3.400 millones de pesos, sin contar con los efectos secundarios como los cortes de electricidad. Murieron más de cien per-sonas. Aunque las inundaciones son habituales en el territorio provincial, los habitantes del casco histórico de la ciudad asistieron atónitos al espec-táculo de ríos tumultuosos corriendo por las ave-nidas. En su mayoría, desconocían los informes y propuestas que expertos de la Universidad de La Plata venían presentando desde, al menos, 2008: bajo la perfecta ciudad cuadrangular trans-curren dos arroyos importantes; la posibilidad de drenaje hacia el Plata se ve obstaculizada por la misma urbanización. 1  También el gobierno desco-noció las señales de alerta. Y si bien este desastre convocó en los medios un tratamiento de primera plana –no fue menor en esta difusión el hecho de que la ciudad “formal” fuera también afectada, y no sólo las riberas de arroyos en los que había crecido, “fuera de código”, la habitación infor-mal-, se tematizaron principalmente los con fl ictos derivados de la innegable corrupción política. Las re fl exiones más atinadas, movidas por este y otros sucesivos desastres en las provincias litora-les, hicieron hincapié en los factores antropogéni-cos que habían llevado a tal situación: la concen-tración de tierras y la insustentabilidad ambiental de las grandes ciudades, la desregulación de los códigos y el consecuente crecimiento de barrios cerrados, frecuentemente terraplenados, en las cercanías de vías de agua; la disminución de espacios abiertos que facilitarían el drenaje; los asentamiento de la población excluida; los resul-tados, en fi n, de una política neoliberal que no había cambiado en lo atinente a las transforma-ciones del habitar. Y si bien las hipótesis de estos artículos desplazaban la idea de una catástrofe “natural” hacia una perspectiva sociopolítica de 1  El Departamento de Hidráulica de la UNLP había en-tregado informes al municipio en los años 2004 y 2007, que no fueron atendidos. Cuarenta y cinco días des-pués de los sucesos, se produjo un nuevo estudio. (De-partamento de Hidráulica, 2013) las transformaciones ambientales, no se otorgaba el papel merecido a uno de los actores principa-les de esta particular entente  entre humanos y no humanos: el “agua”. En las provincias litorales, no vivimos en te-rreno fi rme, sino en inciertos y barrosos bajos fl uviales, sobre tierras que fueron una vez panta-nos, sobre vías de agua que alguna vez fueron desecadas o canalizadas, entubadas o cubiertas por calles (lo que fácilmente los borra de nuestra imaginación), mientras los arroyos que permane-cen a la vista se convierten, fácilmente, en depó-sitos de desechos. Por otro lado, el ciclo del agua no se resume en el suelo: estamos sometidos a precipitaciones que pueden fácilmente alcanzar la violencia de la de 2013. Las previsiones técnicas no se han altera-do, en sustancia, desde el siglo XIX: aunque los avances recientes de la ingeniería hidráulica y sanitaria han sido destacables, especialmente desde el uso de modelos computacionales para resolver organizaciones complejas, no se ha al-terado la concepción histórica de las disciplinas que hicieron del dominio espacial su propósi-to. Ingenieros y arquitectos continúan constru-yendo como si viviéramos en terreno fi rme –o más bien, intentando hacer fi rme, con drenajes, plataformas y rellenos que causan subsecuen-tes problemas, un terreno que no lo es. En la pequeña escala de la casa, convivimos con la humedad de cimientos y muros, y ni siquiera los bríos modernistas han logrado mantener el suelo libre. Podríamos agregar que las ciudades modernas descansan siempre sobre ríos sub-terráneos, aunque ellos no sean “naturales”: la complicada infraestructura pluvial, de aguas co-rrientes y cloacal es la que avala la posibilidad de aglomeración sin mayores riesgos sanitarios. Quienes disfrutan, en los centros urbanos, de la ventaja de abrir una canilla y obtener agua clara, naturalizan el recurso sin pensar en los trabajos permanentes que se realizan para lograrlo. Por el contrario, la ausencia de agua pura, aun en sitios cercanos al agua potable “natural”, los convierte en núcleos de pobreza y enfermedad. Enfocar territorios como los del Plata y el bajo Paraná implica necesariamente hacerse cargo de la vasta escala de la cuenca: en el verano de 2016, el agua del Plata se cubrió de camalotes como consecuencia de las crecidas río arriba –un episodio al que ya se había asistido al menos dos veces en el siglo, en 1905 y en 1983. Al llevar el  estudios del hábitat | Vol. 14 (2) e007| diciembre 2016 | ISSN 2422-6483 Á REA  E DITORIAL  FAU | E DITORIAL   DE   LA  U NIVERSIDAD   DE  L A  P LATA 4 tema de la red fl uvial a su dimensión geográ fi ca, emergen cuestiones que en la escala local ape-nas se advierten, pero que, como los camalotes hacían patente a simple vista, están directamente relacionadas con el funcionamiento territorial. Las tierras bajas de Sudamérica están a tra-vesadas por ríos de caudal incalculable: las tres grandes cuencas del Orinoco, del Amazonas y del Plata, separadas apenas por estrechos pos-tajes, constituyen el mayor reservorio de agua potable de la Tierra. Las posibilidades de co-municación a través de los grandes ríos y a sus a fl uentes fueron estudiadas desde, al menos, fi nes del siglo XVIII, lo que implicaba, en la ima-ginación de los proyectistas, fuertes intervencio-nes ingenieriles. Aún se discute la posibilidad del canal sudamericano, y sus consiguientes venta- jas de reunión de los países del Sur. Sin embar-go, obras de tal calibre han puesto en alerta a las organizaciones ambientalistas, en la medida en que la comunicación de las aguas y el impac-to de los trabajos pueden llevar, eventualmente, a desastres ecológicos. No menor importancia han tenido los debates acerca del aprovecha-miento hidroeléctrico de ríos que, como el Pa-raná o el Uruguay, implican a diversos países. Las impugnaciones actuales abordan también problemas socio-culturales, en la medida en que muchas comunidades tradicionales o indígenas, en el “interior” sudamericano, hacen su vida en relación al río. Queda claro, en fi n, que el trata-miento de los ríos no puede ser, en Sudamérica, un tema de decisiones aisladas por país o por región: los ríos no admiten fronteras, aunque en algunos casos se hayan constituido como tales. Por otro lado, es en esta escala mayor, regis-trada en diversos géneros planimétricos, donde también puede observarse cómo, a medida que avanzaba la precisión geométrica y las conven-ciones representativas, los ríos fueron perdiendo el papel protagónico que tuvieron en las prime-ras cartas, cuando la única forma de penetrar el territorio era navegando por ellos. Los mapas utilizados para la educación escolar, aún los que describen la geografía física del territorio nacio-nal, solo indican con una escuálida línea azul los ríos mayores – el color y el grosor de la línea se refuerza para indicar los límites de las repúblicas soberanas. Un esquemático mapa de la cuenca, producido mediante el sencillo trámite de resaltar en un azul vibrante la red de ríos, arroyos, lagos y pantanos, resulta más elocuente de la condición “acuática” de las tierras bajas no sólo en compa-ración con las pobres versiones escolares, sino también con los intrincados grá fi cos de base di-gital exhibidos en los planes territoriales. Parecie-ra que, de la misma manera en que las vías de agua o las zonas pantanosas, en la escala local, intentan desecarse, ocultarse bajo el pavimento o simplemente ignorarse –hasta que algún desastre las hace visibles, así también tanto las grandes obras como las representaciones territoriales se esfuerzan en mostrar límites estables, espacios fi rmes, minimizando la inevitable ambigüedad de un territorio más líquido que sólido. Nos encontramos, pues, frente a un problema cultural más general, y de larga duración: parafra-seando a Bachelard, podríamos decir que nues-tra  imaginación material   es una imaginación seca, más terrestre que acuática, como si nuestros pai-sajes, en lugar de estar conformados por las vio-lentas y sublimes dimensiones de ríos que de tan anchos hacen horizonte, de arroyos que en otros mundos serían considerados caudalosos ríos, de esteros y pantanos que se reducen o amplían al ritmo de las estaciones, viviéramos en el sólido, cultivado y secularmente modi fi cado paisaje oro-grá fi co de la pequeña Europa.  Y sin embargo, los paisajes fl uviales han sido trabajados magistralmente en las letras y el arte sudamericano, y en particular argentino. Sólo basta recordar el protagonismo del Paraná y sus a fl uentes en la literatura y la poesía del litoral (cómo olvidar El Gualeguay  , de Juan L. Ortiz, o Nadie nada nunca , de Juan José Saer), acompa-ñada de una escuela pictórica de tono social que, aún en pleno ascenso de la abstracción, se man-tuvo fi rme en la mímesis de las sutiles variaciones colorísticas que el agua proyecta sobre el paisaje, frecuentemente articulada con motivos represen-tativos de los hábitos y prácticas de aquellos para quienes el río era mucho más que un objeto de contemplación. Poetas y ensayistas han asocia-do incluso estilos culturales con los caracteres que tal ambigüedad acuática supone: el poeta y activista social Néstor Perlongher promovió un estilo  neobarroso  aludiendo al barro rioplatense y también a las líneas serpentinas, asociadas a las representaciones fl uviales, que caracterizan a la forma barroca en clara diferencia con la ortogona-lidad neoclásica. (Perlongher, 2008) También los ríos marrones podían asimilarse a la quietud de la tierra, como en el caso de las descripciones de Florencio Escardó en su Geografía de Buenos Ai-  estudios del hábitat | Vol. 14 (2) e007| diciembre 2016 | ISSN 2422-6483 Á REA  E DITORIAL  FAU | E DITORIAL   DE   LA  U NIVERSIDAD   DE  L A  P LATA 5  res.  (Escardó, 1945) Pareciera que la sensibilidad estética ha recorrido caminos independientes de los planes técnicos, de las estrategias de habita-ción. Las fronteras entre disciplinas parecen pe-sar más que las fronteras entre países –fronteras que estos territorios líquidos nos deberían acos-tumbrar a poner en crisis.Por cierto, este panorama escindido va siendo alterado, si bien con lentitud, en los últimos veinte años, cuando desde la perspectiva ambientalista “el agua” pasa a ser protagonista. Los arquitec-tos, diseñadores urbanos y paisajistas, que de-ben comprender el espacio tanto en sus aspec-tos funcionales y técnicos como en sus aspectos estéticos (es decir, sensibles), retomaron ya en la década del ’80 la vieja queja de la negación del río como parte de la ciudad -logrando en casos como Rosario cambios sustanciales en el uso ribereño-; también ampliaron la percepción integrando a la experiencia estética paisajes de arroyos, de pan-tanos y humedales, como fuente de contempla-ción o motivo paisajístico. Esta nueva sensibilidad se dio en el marco de un importante cambio en el debate ambientalista internacional: la considera-ción del agua como recurso vulnerable. Mientras en las décadas anteriores los problemas relativos al agua parecían resolverse a través de la explo-tación de un recurso considerado inagotable, en la década del ‘90 comenzó a hablarse de crisis del agua  en sus diversos estados y proyectos de manejo, dando lugar a una serie de conferencias internacionales que culminaron en la declaración de las Naciones Unidas del decenio 2005/2015 como el “decenio del agua, fuente de vida”. En nuestros países, diversas ONG se focalizaron en el tema de los ríos. Sin embargo, pronto quedó claro que bajo el paraguas del “agua” se estaban planteando cuestiones muy diferentes, que iban desde la consideración puramente química del elemento hasta la denuncia de su distribución inequitativa, y que más allá de la divulgación, ciertos buenos propósitos en la conservación de paisajes o formas de vida en relación al agua podían entrar en con fl icto con los propósitos de desarrollo autónomo de los países, una cuestión central en Sudamérica. En todo caso, el cambio de foco del discur-so ecologista, del “verde” enraizado al fl uyente “azul”, se relaciona también con cambios en las formas de pensar el mundo físico, que ha dejado de ser considerado como sólida y pasiva exten-sión sobre la cual es posible proyectar planes como si fuera una hoja en blanco, para asumir caracteres de fl uencia continua, de resiliencia in-édita, de inusual complejidad. El agua –así como el territorio imaginado desde sus atributos “líqui-dos”- comienza a ser considerada como proce-so y no como dato; como construcción proble-mática y no como elemento; cualquier re fl exión sobre el agua debe dar cuenta de dimensiones ecológicas, sociales, políticas y culturales, que no pueden ser comprendidas en una mirada global, desterritorializada. (Silvestri, 2013) Para muchos autores, enfrentarse con el agua signi fi có poner en crisis, incluso, los mismos términos habituales que enfrentan Naturaleza y Cultura en Occidente. 2 Este marco novedoso, sin embargo, enfrenta problemas que no se resumen sólo en el con fl icto entre conservación ecológica y progreso técnico. Gastón Bachelard había subrayado la ambigüe-dad simbólica del agua, a la vez srcen de la vida, imagen de placer y promesa de muerte : “El agua es realmente el elemento transitorio…El ser con- sagrado al agua es un ser en el vértigo. Muere a cada minuto, sin cesar algo de su sustancia se derrumba. La muerte cotidiana no es la muerte exuberante del fuego que atraviesa el cielo con  sus flechas; la muerte cotidiana es la muerte del 2  Resultaría demasiado extenso detenernos en los cam-bios epistemológicos que han orientado lo que genéri-camente se conoce como “giro espacial” de las cien-cias humanas –desde los artículos de Heidegger en la década del ’50 acerca del habitar; las contribuciones de Foucault sobre los espacios/otros, el territorio y la población; las “máquinas energéticas de Gilles Deleuze en el mismo ámbito post-estructuralista; la emergencia de una  historia ambiental  , de fuerte impronta en Esta-dos Unidos; o las teorías del actor/red derivadas de la epistemología constructivista, de gran difusión a través de los trabajos de Bruno Latour. No es secundario se-ñalar la importancia de las perspectivas etnográ fi cas en la puesta en crisis de nuestros esquemas habituales de representación del mundo “natural”, de la exten-sión material, y de las categorías y esquemas con que lo enfrentamos (algunos autores clave para el debate Cultura/Naturaleza, como Philippe Descola o Eduardo Viveiros de Castro, realizaron su trabajo empírico entre las comunidades aisladas de las tierras bajas amazó-nicas). La centralidad del agua en los últimos años ha llevado a una multiplicación de textos que trabajan so-bre su historia, sus caracteres simbólicos o sensibles, los territorios acuáticos –o más en general, sobre los caracteres líquidos, fl uyentes, de cualquier territorio. El auge del tema implicó también la recuperación de al-gunos textos clásicos, como el de Gastón Bachelard El  agua y los sueños. Ensayo sobre la imaginación de la  materia  (Bachelard, 2003), o el de Iván Illitch, H2O and the Waters of forgetfulness (Illitch 1985). Entre los traba- jos que discuten con mayor amplitud el tema del agua, desde una sólida perspectiva teórica, mencionaremos el trabajo de Jamie Linton, What is water. The history of a  modern abstraction (Linton, 2010).
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