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La cultura como estrategia de transformación y promoción urbana en Bogotá y Medellín 1

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RESUMEN En décadas recientes, diferentes ciudades en el mundo han emprendido procesos de planeamiento urbano utilizando la cultura como principal estrategia. Este ar-tículo, a partir del concepto de planeamiento urbano cultural, explora el papel que
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  25   Revista de Geografía Norte Grande, 61: 25-43 (2015)  Artículos La cultura como estrategia de transformación y promoción urbana en Bogotá y Medellín 1 Isabel Duque Franco 2 RESUMEN En décadas recientes, diferentes ciudades en el mundo han emprendido procesos de planeamiento urbano utilizando la cultura como principal estrategia. Este ar-tículo, a partir del concepto de planeamiento urbano cultural, explora el papel que ha desempeñado la cultura en la transformación urbana de las ciudades de Bogotá y Medellín durante las últimas dos décadas y que les ha permitido alcan-zar un cierto reconocimiento internacional. Con base en el estudio de diferentes políticas, planes y proyectos, el artículo muestra cómo ha sido abordada la cultura en cada caso, los repertorios de intervención urbanística asociados a la cultura y las estrategias de promoción internacional de ambas ciudades como centros cul-turales. Palabras clave:  Cultura, planeamiento urbano, gobernanza urbana, Bogotá, Medellín ABSTRACT In recent decades, different cities around the world have undertaken urban plan-ning processes that focus on culture as their main strategy. This article, based on the concept of cultural urban planning, explores the role that culture has played in the urban transformation of the cities of Bogota and Medellin over the last two decades, which has brought them international recognition. By studying various policies, plans and projects, the paper analyzes how culture has been addressed in each case, the repertories of urban intervention associated with culture and the strategies used by both cites for their international promotion as cultural centers. Key words:  Culture, urban planning, urban governance, Bogota, Medellin. 1 Este trabajo hace parte de la investigación “Cultu-ra y ocio en el planeamiento urbano de Bogotá y Medellín” fi nanciada por la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia en el marco de la Convocatoria de Investigación Orlando Fals Borda 2011 y contó con el apoyo de Manuel Camilo Velandia. Artículo recibido el 2 de julio de 2014, aceptado el 5 de diciembre de 2014 y corregido el 4 de marzo de 2015. 2 Universidad Nacional de Colombia (Colombia). E-mail: miduquef@unal.edu.co  R EVISTA   DE  G EOGRAFÍA  N ORTE  G RANDE 26Durante las últimas dos décadas, en la mayoría de ciudades del mundo, se han veni-do desarrollando diversos planes, proyectos y políticas urbanas que utilizan la cultura como principal estrategia (UN-Habitat, 2004). Ya sea mediante la preservación de centros históricos, la reconversión de infraestructu-ra obsoleta en equipamientos culturales, el cuidadoso diseño de espacios públicos o la promoción de industrias culturales; cada vez se hace más evidente el esfuerzo de los go-biernos urbanos por apelar a la cultura como recurso a la hora de identi fi car los aspectos diferenciales de las ciudades, sus ventajas comparativas y su singularidad, lo que las ha llevado a rescatar lugares simbólicos y representativos o simplemente a inventarlos. En de fi nitiva, la cultura se ha instalado en la agenda urbana y cada vez son más las polí-ticas orientadas hacia la construcción de una imagen de ciudad basada en la cultura, el ocio y el turismo como claves de diferencia-ción y competitividad (Evans, 2003; Bayliss, 2004; 2007; Manito, 2006; 2011).Estas tendencias globales en el planea-miento urbano, han migrado hacia algunas ciudades colombianas, que las han ido adap-tando a las especi fi cidades locales. Tal es el caso de Bogotá y Medellín que, durante los últimos años, han sido reconocidas a nivel internacional por haber emprendido ambicio-sos procesos de reestructuración y plani fi ca-ción que incluyen ingeniosas alternativas en movilidad, políticas para la reducción de la pobreza, diseño de espacios públicos como parques y plazas y construcción de equipa-mientos culturales como museos y bibliote-cas. En este sentido, este artículo tiene como objetivo examinar cómo ha sido la instrumen-talización de la cultura en los procesos de transformación y promoción urbana en Bo-gotá y Medellín durante las dos últimas déca-das. Para ello, luego de la contextualización acerca de la relación entre cultura, creativi-dad y planeamiento, se aborda la experiencia de las dos ciudades desde tres categorías de análisis: los enfoques y perspectivas desde las cuales se aborda la cultura; los repertorios del planeamiento cultural urbano, es decir, el tipo de intervenciones urbanísticas a través de los cuales se materializan los enfoques (Manito, 2006); y por último, las estrategias de promoción internacional con las cuales se pretende posicionar a estas ciudades como centros culturales, que suelen ser campañas de marketing urbano, participación en redes de ciudades asociadas a la cultura o la orga-nización de eventos de amplio reconocimien-to (Gold & Ward, 1994; Benko, 2000). Cultura, creatividad y planeamiento urbano El posicionamiento de la cultura como estrategia de planeamiento urbano está asociado al paso de la ciudad máquina a la ciudad objeto de consumo (Arantes, 2000). Los procesos de desindustrialización y de reestructuración, sumados a los cambios en la composición tecnológica de la producción, al aumento de la movilidad del capital y a los nuevos productos y mercados, provocaron la pérdida de las ventajas competitivas de los otrora centros industriales, dando lugar a una nueva relación entre las ciudades, determina-da básicamente por la necesidad de competir entre sí como centros fi nancieros, de consu-mo y de entretenimiento para atraer y fi jar un capital que es cada vez más volátil (Harvey, 1989).En este marco de competitividad y terce-rización de la economía, las ciudades han encontrado en la cultura un campo de in fi -nitas posibilidades. “La cultura es cada vez más el negocio de las ciudades, la base de sus atracciones turísticas y su única ventaja competitiva” (Zukin, 1995: 2), en tanto puede contribuir a la reactivación de la economía mediante el desarrollo de las industrias cultu-rales y al mismo tiempo servir para proyectar una nueva imagen de ciudad basada en la cultura y la creatividad, atractiva para turistas e inversores.Desde el ámbito del planeamiento y la gobernanza urbana, aquellas ciudades capa-ces de identi fi car la cultura como fuente de diferenciación e innovación, de creación de valor social y económico, han sido denomi-nadas “ciudades creativas” (Manito, 2011). Se trata de ciudades que articulan el patrimonio, los productos y servicios culturales tradicio-nales con las industrias creativas y que pro-yectan un estilo de vida dinámico, atractivo y diverso. Este concepto de la ciudad creativa fue introducido por Charles Landry y Franco Bianchini (1995) y luego popularizado por  27 L A   CULTURA   COMO   ESTRATEGIA   DE   TRANSFORMACIÓN   Y   PROMOCIÓN   URBANA   EN  B OGOTÁ   Y  M EDELLÍN Richard Florida y su teoría de la clase crea-tiva (2005). En principio, la ciudad creativa era una aspiración, un llamado al uso de la imaginación y la innovación en la solución de los problemas urbanos derivados del paso de una economía basada en las manufacturas a una economía centrada en el conocimien-to, sin embargo, la creatividad aplicada a la planificación de las ciudades involucra un potencial mucho mayor, asociado a interven-ciones urbanísticas, modelos de gobernanza y de toma de decisiones (Landry, 2000).La articulación entre planeamiento urba-no, cultura y creatividad se ha traducido en un repertorio de proyectos, que responden a la lógica de los fl ujos y la movilidad de políti-cas urbanas, es decir que migran de un lugar a otro y en el proceso se transforman, mutan y se adaptan a las particularidades de cada ciudad (Peck & Theodore, 2010; Peck, 2011). Según los planteamientos de Landry (2000), UN-Habitat (2004) y Manito (2006) estos proyectos urbanos se pueden clasificar en cuatro tendencias complementarias. En pri-mer lugar, están las “iniciativas de renovación y revitalización de espacios urbanos”  ,  con ejemplos emblemáticos como Glasgow con su paso de ciudad industrial en decadencia a capital europea de la cultura (Gómez, 1998; Evans & Shaw, 2004); Bilbao con el polémico “efecto Museo Guggenheim” (Arantes, 2000; González, 2004; Plaza, 2006); Ciutat Vella de Barcelona, en donde convergen todas las in-tervenciones posibles en términos de renova-ción urbana (Capel, 2005); la rehabilitación de Puerto Madero en Buenos Aires (Cuenya y Corral, 2011) o más recientemente el polémi-co megaproyecto Puerto Maravilla en Río de  Janeiro (Lima, 2010; Castro Coma, 2011). En general, se trata de proyectos de reconversión funcional y desarrollo de nuevos usos urba-nos, gestionados por asociaciones público-privadas, que involucran la subvención de iniciativas privadas con recursos públicos, lógicas de especulación inmobiliaria, genera-ción de bene fi cios económicos y pérdida de control por parte de los actores estatales.En segundo lugar, se encuentran los pro-yectos relacionados con las “industrias cultu-rales o creativas” . A pesar de la popularidad y el interés despertado por el concepto, dife-rentes autores coinciden en señalar su inde- fi nición y la confusión conceptual que existe sobre el tema, lo que di fi culta establecer qué actividades pueden ser consideradas como industrias creativas o culturales (Bayliss, 2007; Méndez et al. , 2012; Scott, 2010). En cualquier caso, diferentes trabajos muestran cómo la concentración de estas actividades ha llevado a la configuración de distritos culturales, bien sea de manera espontánea o dirigida a través de políticas públicas. Algu-nos ejemplos son el Temple Bar en Dublín (Bayliss, 2004); el complejo cinematográ fi co de Los Ángeles, el distrito cerámico de Calta-girone en Sicilia (Santagata, 2002); San Telmo en Buenos Aires (Ramón, 2011); el Raval de Barcelona y el Mile End   de Montreal (Batta-glia & Tremblay, 2012).En tercer lugar, está la conformación de “ejes o corredores culturales”, espacios públicos abiertos, con una oferta material y simbólica que incluye lugares de ocio y equipamientos culturales, en algunos casos con cierto grado de especialización y con una oferta comercial combinada de vivienda y servicios (Manito, 2006). Algunos de estos corredores se han consolidado históricamente como la avenida Corrientes en Buenos Ai-res; otros son el resultado de intervenciones de renovación urbana en zonas portuarias y waterfronts  como en Liverpool, Londres y Buenos Aires (Evans & Shaw, 2004; Muñoz, 2008). En otros casos, estos corredores surgen como conectores de infraestructura cultural o por la creación de nuevas centralidades con el diseño de espacios públicos en torno a grandes equipamientos (Manito, 2006).Finalmente, está la formulación de “polí-ticas culturales” que, como complemento a una cierta infraestructura física, incluyen una agenda cultural permanente y diversa con exposiciones, conciertos, ferias y festivales; aunque también algunos de estos eventos tienen como finalidad dinamizar procesos de regeneración urbana y construir nuevos equipamientos (García, 2004; Benneworth & Dauncey, 2010; Devesa et al  ., 2012). Como estos eventos son ofertas puntuales, que re-sultan atractivas solamente durante su realiza-ción, crece el afán de las ciudades por crear nuevas ferias y festivales que resulten atrac-tivas para turistas y visitantes. Sin embargo, según Landry (2000), las políticas culturales también pueden estar orientadas al fortaleci-miento de la cohesión social, la creatividad  R EVISTA   DE  G EOGRAFÍA  N ORTE  G RANDE 28y la capacidad de las personas para actuar como ciudadanos democráticos.Aunque el planeamiento cultural ha sido acogido con entusiasmo por diferentes go-biernos urbanos, se trata de una tendencia que suscita importantes con fl ictos y dilemas. De un lado, las estrategias de revitalización urbana excluyen los grupos de bajos ingresos y generan procesos de gentrificación. Este fenómeno ha sido ampliamente estudiado en ciudades como Nueva York (Zukin, 1995) o Londres (Muñoz, 2008). Recientemente  Janoschka y Sequera (2014) lo han abordado también en México, Buenos Aires y Río de  Janeiro, en donde los proyectos de recupera-ción del centro histórico, la creación de “po-los de desarrollo cultural” o la adecuación urbana para los megaeventos, han promovido desarrollos inmobiliarios que fomentan la progresiva expulsión de sectores populares del centro de estas ciudades.De otro lado, la competitividad urbana exige a las ciudades la capacidad de ofrecer lugares con cualidades únicas y especiales, lo su fi cientemente atractivos como para dife-renciarse de las demás ciudades con las que compiten. Sin embargo, como se ha visto en el caso del planeamiento cultural, los re-pertorios de actuación están prácticamente establecidos, de manera que alcanzar la sin-gularidad no solo resulta cada vez más difícil, sino que además, las mismas estrategias cir-culan de una ciudad a otra, produciendo ver-siones de lo mismo o en el peor de los casos, imágenes repetidas y estandarizadas (Harvey, 1989; Muñoz, 2008).Esta breve revisión sobre las sinergias entre cultura, creatividad y planeamiento ur-bano, permite ver que la cultura es entendida como un sector económico relacionado con las industrias creativas y culturales, y al mis-mo tiempo como un recurso para la recons-trucción de la imagen de las ciudades con el fi n de atraer empresas, inversiones y turistas (Bayless, 2007). Este trabajo se centra funda-mentalmente en esta segunda perspectiva. De otra parte, la revisión también permite evi-denciar que el planeamiento cultural no es un fenómeno exclusivo de las ciudades del capi-talismo industrial y que tampoco resulta ajeno al contexto latinoamericano. En este sentido, los casos de Bogotá y Medellín no son expe-riencias aisladas, ni simples imitaciones de las políticas urbanas desplegadas en otros luga-res, sino un ejercicio de recontextualización de esta forma de planeamiento. De ahí el in-terés en este trabajo por evidenciar los rasgos del proceso de inclusión de la cultura en el planeamiento urbano de estas dos ciudades. Bogotá: de la cultura ciudadana a la cultura mercancía Al comenzar la década de los noventa, Bogotá arrastraba serios problemas derivados del continuo crecimiento físico y demográ- fi co, la ausencia de un liderazgo fuerte y los profundos problemas de corrupción. El dete-rioro que presentaba la ciudad se expresaba en: elevados niveles de pobreza (42,4%), un sistema de transporte caótico, los pocos espa-cios públicos existentes habían sido privatiza-dos o carecían de mantenimiento y el centro histórico estaba abandonado y degradado. A todo esto había que sumar la inseguridad que vivía la ciudad, re fl ejada en tasas de homici-dio que en 1993 habían alcanzado los 80 por cada cien mil habitantes (Martín y Ceballos, 2004; PNUD, 2008).Desde entonces, aunque no todas estas problemáticas han podido resolverse com-pletamente, Bogotá no solo ha cambiado físicamente, sino que ha experimentado transformaciones en las formas de vivir, percibir, planear y gobernar la ciudad. Las diferentes administraciones que ha tenido Bo-gotá durante este tiempo, han con fi gurado un modelo de ciudad que se caracteriza por la continuidad como opción de gobierno, la va-riedad de enfoques orientadores de la gestión y la intervención sobre temas fundamentales como el espacio público o la movilidad (Du-que Franco, 2008). Enfoques y perspectivas en torno a la cultura A partir del análisis de los diferentes instrumentos de planeación formulados e implementados en Bogotá entre 1995 y 2011, se identi fi ca que la relación entre cultura y planeamiento urbano ha sido abordada desde cuatro perspectivas: la cultura asociada al comportamiento, es decir, la cultura ciuda-  29 L A   CULTURA   COMO   ESTRATEGIA   DE   TRANSFORMACIÓN   Y   PROMOCIÓN   URBANA   EN  B OGOTÁ   Y  M EDELLÍN dana; la cultura como una dimensión de la ciudad a escala humana que se traduce en equipamientos y espacio público; la cultura desde la perspectiva de los derechos civiles, económicos, sociales y culturales (DESC) y fi nalmente, la cultura como estrategia de competitividad urbana.A mediados de la década de 1990, surgía la visión de la ciudad como problemática cultural en tanto dimensión de la existencia individual y colectiva. La apuesta por la cul-tura ciudadana estaba sustentada en la hipó-tesis, formulada por el propio alcalde, según la cual gran parte de los problemas que tenía la ciudad estaban motivados por los compor-tamientos violentos y que estos a su vez, se explicaban por el divorcio existente entre los tres sistemas reguladores del comportamien-to humano: ley, moral y cultura (Mockus, 2001:17-35). Existe divorcio cuando hay aprobación cultural (colectiva) y/o moral (in-dividual) de las acciones ilegales y cuando no hay aprobación moral o cultural de las obli-gaciones legales.Siguiendo esta premisa, se consideró que a través de la comunicación y de la interac-ción intensi fi cada   en el espacio público, era posible reducir este divorcio. Así, se promo-vió un conjunto de acciones con el propósito de, primero, construir colectivamente una imagen de ciudad actual y futura; segundo, buscar que la comprensión y el respeto de las reglas generara identidad ciudadana y sentido de pertenencia; tercero, impulsar la cultura popular y las manifestaciones artísticas y por último, modi fi car los comportamientos indi-viduales y colectivos que reñían fuertemente con la vida social de la ciudad, a través de la autorregulación ciudadana y del rediseño y construcción de algunos espacios urbanos en los cuales interactuaban los ciudadanos.Esta relación entre cultura ciudadana y espacio urbano, empezó a cobrar mayor sen-tido a fi nales de la década de los noventa con la fuerte campaña de recuperación, mejora-miento y ampliación del espacio público: ala-medas, plazoletas, ejes urbanísticos, parques y ciclo rutas e hitos urbanos derivados de procesos de renovación urbana y de construc-ción de equipamientos como la Red Capital de Bibliotecas Públicas. Estas intervenciones urbanísticas estaban inspiradas en la necesi-dad de construir una ciudad a escala humana, pensada y centrada en las personas, en donde el espacio público se convirtiera en escenario para el espectáculo, el arte, la cultura y las diferentes manifestaciones creativas de los ciudadanos (Concejo de Bogotá, 1998).Posteriormente, desde mediados de la década del 2000, el enfoque integral de de-rechos humanos se convirtió en el principio orientador de la acción de la administración bogotana y el acceso a la cultura, en sus di-ferentes expresiones, fue considerado como un derecho. Desde esta perspectiva, se for-mularon una serie de políticas públicas como el Plan Maestro de Equipamientos Culturales (PlaMEC), las Políticas Culturales Distritales 2004-2016 y el Plan Decenal de Cultura 2012-2021, que le concedieron especial importancia a la descentralización y demo-cratización de la oferta de bienes y servicios culturales, a la creación del Sistema Distrital de Cultura 3  y al estímulo a las iniciativas de formación, creación y circulación artística, así como a las diferentes expresiones cultu-rales, “porque el ejercicio de los derechos culturales no se limita tan solo a reclamar el acceso a la cultura ‘de otros’, sino que se extiende al derecho de desplegar la de cada cual en igualdad de condiciones” (Alcaldía Mayor de Bogotá, 2005:11).Aunque tanto el PlaMEC como el Plan Decenal de Cultura se inspiraban en el enfo-que de derechos, también insistían en el po-tencial competitivo y económico de la cultura y en la necesidad de posicionar a la ciudad en la escena iberoamericana y mundial como epicentro cultural. Algunos lineamientos del Plan como la identi fi cación y diversi fi cación de las industrias culturales, el impulso al desarrollo de nuevas tecnologías de la infor-mación y comunicación dentro del sector y el fortalecimiento de las cadenas de valor en las prácticas culturales, las artes y el patrimonio cultural, ponen de mani fi esto la asimilación de la cultura como generadora de riqueza y también la intención de avanzar en la idea de 3 Compuesto por un conjunto de espacios, instancias, procesos y dimensiones que buscan interpretar e intervenir la cultura como un campo donde se ar-ticulan de manera variada actividades, profesiones, instituciones y agentes culturales.
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